sábado, 2 de mayo de 2009

De marihuana y otras hierbas

Los días recientes en México y gran parte del planeta han estado enmarcados por las noticias en torno al virus de la influenza humana, gripe porcina, AH1N1, a la smedidas preventivas pero también se han generado noticias importantes que han quedado en segundo y hasta tercer plano, entre ellas, la posible legalización de ciertas drogas como la marihuana, LSD y heroina, claro esta que en pequeñas dosis, esta es una medida impulsada por el pueblo mexicano a traves de sus legisladores para contrarrestar el narco menudeo.

Sobre esto será muy importante que cada uno de ustedes se informe y de su opinión, hay voces que defienden un marco juridico que permita la portación y consumo, otros más que se manifiestan en una terminante negativa, desde las instituciones muestran su interes por la rehabilitación.


Mientras les dejo una nota que encontré en La Jornada en un epacio que dan a las noticias añejas con motivo a los centenarios de México (1 de la revolución y dos de la independencia).



El Diario*
El canavismo mexicano, vulgo marihuana
Como si no fuera bastante nuestra desgracia con el alcoholismo agudo, que de confín a confín de la patria asfixia nuestro destino y estrangula nuestro porvenir; como si fuera poco veneno el tabaquismo prematuro inyectado en nuestra juventud, desde la niñez; asoma ya sus garras un demonio voraz, que contento antes con sacrificar pocas víctimas, pretende extender sus dominios hasta donde ha llegado á reinar el alcohol. Este es, el uso de la “canavis índica,” planta conocida en el país con el nombre local de marihuana.

Es un hombre honrado quien nos envía, desde una de las camas del Hospital Juárez, la voz de alarma contra el enemigo solapado, quien, en alianza con el pulque, labran á prisa la degeneración de nuestro pueblo. Ese hombre de bien, que se hundió en los cienos del vicio y logró redimirse por un esfuerzo sobrehumano de la voluntad, nos dice, con la elocuencia del sentimiento, que el peligro de la marihuana es máximo, que merece el grito clamoroso de la prensa honrada, y la atención decidida del Gobierno, para cortar el mal ó sus avances con medidas represivas.

Sabemos ya que esta calamidad había sentado sus reales en nuestro bajo pueblo, el criminal, sobre todo, y que su consumo tenía un mercado dentro de la ciudad amurallada de Belén. Sabíamos también que excepcionalmente había en los suburbios, centros de consumo inmediato, semejantes á los fumaderos de opio de las colonias chinas. Pero ignorábamos las terribles revelaciones que se nos han hecho.

Primero: no sólo el mexicano ínfimo, el que no usa ni pantalón ni blusa, es el único consumidor del canavis; ya gusta de él el cargador de vestido planchado, el obrero de chaleco sin saco, el artesano de calzado y sombrero de fieltro y hasta “jóvenes de porvenir y de buena familia,” dicen nuestros informantes.

Segundo: el hecho de que el marihuanismo se albergase en las prisiones ó fuera de ellas con la gente de la hampa, nos hizo creer que era un efecto de la vida presidiaria, y resulta ahora todo lo contrario; el marihuanismo, no es efecto, es causa de criminalidad. Los que fuman en las cárceles la hoja fatídica no es que allí hayan aprendido á fumarla, sino que siguen una costumbre adquirida, en uno de cuyos impulsos, el agresivísimo morboso que engendra el cigarrillo se descargó a golpe contra el amigo, camarada, el compañero de vicio, y después de despertar de la razón se hace entre las rejas de la ley y las bartolinas de la vindicta pública.
CAL
*Se publicó de 1906 a 1917
Centenaria recogerá, en su grafía original, noticias que publicaban diferentes periódicos hace cien años en la capital

http://www.jornada.unam.mx/2008/09/08/index.php?section=opinion&article=038o1cap

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